jueves, 20 de septiembre de 2012


Y HABLEMOS DEL VINO...
Otra de las secciones importantes de la obra baudelairiana es la que refiere al vino, que el poeta no deja de mencionar. Pero entre el alucinógeno y esta bebida encuentra diferencias importantes que es oportuno señalar:


“El vino exalta la voluntad; el hachís la aniquila. 
El vino es un estimulante físico; el hachís el arma del suicida.
El vino nos vuelve benévolos y sociables; el hachís nos aísla”.


No hay dudas acerca de la claridad de sus ideas al respecto. Constata que el vino tiene un alcance social, en tanto la droga es para el solitario; el vino enciende los sentidos, en tanto el hachís excita la fantasía.

Pero hay algo más claro todavía, que la obra completa de Baudelaire nos plantea: no hay ningún elemento externo (vino, droga, etc.) que pueda transformar en poeta a quien no lo es.


Hugo Riva 
http://www.cerpcentro.org/IMG/pdf/Baudelaire.pdf

martes, 18 de septiembre de 2012

O. G.


Que los ruidos te perforen los dientes

Que los ruidos te perforen los dientes, 

como una lima de dentista,

y la memoria se te llene de herrumbre,
de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros,
una pata de araña;
que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle,
hasta los faroles te corran a patadas;
que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte
ante los tachos de basura
y que todos los habitantes de la ciudad
te confundan con un madero.
Que cuando quieras decir: "Mi amor",
digas: "Pescado frito";
que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
y que en vez de tirar el cigarrillo,
seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
que al acostarse junto a ti,
se metamorfosee en sanguijuela,
y que después de parir un cuervo,
alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
para que los espejos, al mirarte,
se suiciden de repugnancia;
que tu único entretenimiento consista en instalarte
en la sala de espera de los dentistas,
disfrazado de cocodrilo,
y que te enamores, tan locamente,
de una caja de hierro,
que no puedas dejar, ni por un solo instante,
de lamerle la cerradura.