viernes, 17 de agosto de 2012



Péret hablaba desde tiempo atrás de su deseo de conocer México.
 Le atraía su cultura antigua – sus mitos, sus pirámides, su magia – 
y el soplo revolucionario que lleva a
 Lázaro Cárdenas a la presidencia, 
lo cual permite que nuestro país se convierta 
en refugio de Trotsky y de los republicanos españoles.

La constante de la vida de Remedios y Benjamín es la pobreza.
 Pasan dificultades económicas pero, en cambio, 
se rodean de un puñado de amigos con quienes logran
 restablecer el ambiente de estímulo y fraternidad 
que habían conocido en París. 

En este grupo se encuentran Katy y José Horna, Leonora Carrigton, 
Gunther Gerzso, César Moro, Esteban Francés, Octavio Paz y algunos otros.
 Marginados del ámbito ¨oficial¨ de la cultura nacionalista postrevolucionaria,
 se construyen un universo aparte en el 
 que juegan, inventan,  ríen y estructuran mundos fabulosos 
desbordantes de imaginación y humor.
 La actividad colectiva asume de nuevo un plano importante,
 sin sufocar la voz individual.

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