Péret hablaba desde tiempo atrás de su deseo de conocer México.
Le atraía su cultura antigua – sus mitos, sus pirámides, su magia –
y el soplo revolucionario que lleva a
Lázaro Cárdenas a la presidencia,
lo cual permite que nuestro país se convierta
en refugio de Trotsky y de los republicanos españoles.
La constante de la vida de Remedios y Benjamín es la pobreza.
Pasan dificultades económicas pero, en cambio,
se rodean de un puñado de amigos con quienes logran
restablecer el ambiente de estímulo y fraternidad
que habían conocido en París.
En este grupo se encuentran Katy y José Horna, Leonora Carrigton,
Gunther Gerzso, César Moro, Esteban Francés, Octavio Paz y algunos otros.
Marginados del ámbito ¨oficial¨ de la cultura nacionalista postrevolucionaria,
se construyen un universo aparte en el
que juegan, inventan, ríen y estructuran mundos fabulosos
desbordantes de imaginación y humor.
La actividad colectiva asume de nuevo un plano importante,
sin sufocar la voz individual.

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